Te la debía. Creo que aún te deberé mucho, pero prefiero decir tanto por este medio. No se me ocurrió otro título que aquel con el que te conocí; con el que mejor te representa. No le di más vueltas así se quedará, su majestad, Reina Dragón. Cats ya tuvo el suyo, pero tú te lo mereces hace mucho tiempo atrás, porque desde que te conozco, tú apareces en el momento justo. Me hueles a millas de distancia, a kilómetros, para siempre decirme algo sabio, palabras y frases que me calman y calman a los demonios internos que llevo dentro. Por mostrarme que debo volver, mil veces, a meter la cabeza en el caparazón y pensar las cosas, tomarlas con calma y no desesperarme por no poder dar soluciones a situaciones que no están a mi alcance. Por darme un punto fijo en el que guiarme y no caer nuevamente en el intento de la desesperación por sentir que soy una inútil.
Ya te dije, apareces siempre en el momento indicado. Sé que no eres una bruja, pero sé que el cariño que me tienes es grande, lo siento, pese a esas millas que nos separan. Dices que me sientes triste y te creo, tienes la sensibilidad a flor de piel. Yo que siempre me he jactado de eso, creo que he ido perdiendo esa cualidad, para volverme alguien más egoísta -aunque me dijeras que no. -Diremos que contigo no sucede porque no me molesta dedicarte tiempo, darte el lugar que te mereces, porque todo lo que siempre dices, cuentas, cada ejemplo que me das, me abre la mente. Y eso es mucho. Creo que se me hace fácil decirte tantas cosas porque tú siempre me las pones fáciles. Nunca me haces sentir ni tonta ni nada por el estilo. Es que eres Hehra, supongo, pero eres también una muchacha que pisa tierra, eres tan humana, que te pones en todas las situaciones. Eso me lleva a pensar que haces mucha empatía. Bueno, no me lleva a pensar, me lo confirma siempre tus prontas acciones en determinadas situaciones con los demás.
Te admiro, Eres toda una guerrera, no te dejas avasallar por nadie, me gusta que no tengas pelos en la lengua y que siempre sepas que decir, como actuar. Si fuera un poquito como tú, en el hecho de aprender a no herirme, a poner una pared cuando debo hacerlo, usar mi caparazón de FL como la tortuguita que soy, entonces, ahí si puedo decir que aprendí a ser fuerte. Porque el hacerme fuerte no cambiará mi esencia, no me hará alguien diferente de quien soy, pero me hará menos vulnerable a esas situaciones que yo no puedo controlar y entonces, podré seguir por el camino en el que me lleve la vida sin tanto tropezón causado por mi propia mano.
Te quiero mucho, Hehra!
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